miércoles, 26 de octubre de 2016

Soberanía nacional

La cuestión Malvinas a lo largo de los años


Hablar de Malvinas es hablar de un pedazo de historia que los argentinos todavía no resolvimos. Las esquirlas de la Guerra de 1982 siguen presentes en nuestra sociedad y muchas cosas continúan sin resolver. En estos días el debate vuelve a estar en escena por el cambio de política del gobierno de Mauricio Macri y las declaraciones de la Canciller Susana Malcorra, que causaron controversia en nuestro país. Su deseo de ser la nueva secretaria General de la ONU conspiró con los intereses nacionales por las Islas.
A pesar de que Malcorra no logró acceder a este importante cargo, sus acciones fueron rechazadas por gran parte de la sociedad argentina. El análisis que se hizo era simple: para llegar a Secretaria de la ONU, Malcorra debía obtener la mayoría en el Consejo de Seguridad y que ninguno de los miembros permanentes vote en contra. Entre ellos está Gran Bretaña, por lo que se puede establecer, sin lugar a dudas, que el hecho de acercarse por el tema Malvinas era una estrategia beneficiosa para evitar el veto.

“Que se considere que estoy mercantilizando a las Malvinas es totalmente injusto y es un trato que no merezco como canciller y como persona", se defendió Malcorra en el discurso que realizó ante la Comisión de Exteriores del Senado. Sin embargo, las sospechas, que provenían principalmente del bloque del FPV, no son infundadas: el hecho de que la Canciller defienda los intereses argentinos pero, a la vez, se presente a una elección donde necesita el apoyo británico es, por lo menos, contradictorio. 
Desde 1982 en adelante, las acciones de los gobiernos argentinos a lo largo de la historia han estado cruzadas con la cuestión Malvinas. No hay que olvidarse que a la guerra se llegó porque la Junta militar estaba en una situación incómoda. Los reclamos por los desaparecidos, la galopante inflación y la pérdida de poder político jaqueaban a los militares, que vieron como última solución recuperar las Islas para ganarse devuelta el clamor popular. El 2 de abril, día en que Galtieri anunció que Argentina iba a la guerra, la plaza de Mayo se llenó de gente que aclamó la medida.
 “La campaña que implica hablar con cada uno de los países para obtener el apoyo llevará, lógicamente, a un encuentro con el Reino Unido pero la cuestión Malvinas no debe estar en el centro de la discusión”,  advertía el ex canciller Dante Caputo acerca de la polémica que se generó por el accionar de Malcorra. Desde que asumió como presidente, Macri anunció que busca “normalizar” la situación en el Atlántico Sur. El gran dilema es que esa búsqueda no se convierta en dar por hecho que la soberanía es británica.
Las Islas Malvinas siempre han generado una poderosa atracción en en la sociedad argentina. La guerra de 1982 ha sido la única en la que ha intervenido nuestro país desde el siglo XIX y es la última ocurrida en suelo sudamericano. El eje de la cuestión está en reclamar y defender una soberanía que le corresponde a nuestro país pero no repetir los errores del pasado. Es lo mínimo que se puede hacer en memoria de los soldados muertos durante y después de la guerra.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Fútbol para pocos

La concentración de poder en los medios


“Fútbol para todos” fue un proyecto de ley presentado durante la presidencia de Cristina Kirchner que permitió que todos los argentinos pudieran ver los partidos del torneo local de manera gratuita. Sin embargo, con el cambio de gobierno, el FPT empieza a perder cada vez más terreno. Para este torneo, los canales tienen que pagar para poder tener los mejores encuentros y también se sabe que a partir del 2019 habrá que volver a abonar una cuota para poder acceder fútbol. El parecido con los 90, donde solo unos pocos manejaban todo el negocio, es cada vez más fuerte.
Fue durante el gobierno menemista que se formaron los grandes monopolios de medios que perduran en la actualidad. La flexibilización que hubo de la Ley de Radiodifusión existente desde la época de la dictadura militar, permitió que un mismo grupo empresario pudiera poseer varias licencias de televisión por cable, aire y medios gráficos, entre otras. Por esta razón, el Grupo Clarín, que manejaba los canales Tyc  Sports y el Diario Ole, entre otros, se convirtió en el amo y señor del fútbol argentino en la década del 90.
Muchos se preguntarán ¿cuál es el problema de que un grupo empresario maneje los derechos de televisación del fútbol? El punto es que este deporte en nuestro país moviliza multitudes y genera grandes sumas de dinero. Y como afirma Jorge Castro en su texto “Panorama sobre la concentración de medios de comunicación en Argentina”, si una misma compañía tiene bajo su ala operaciones en distintas ramas comienza a tener un gran poder y sus intereses siempre se van a ver beneficiados.
El proyecto “Fútbol para Todos” surgió en el año 2009 en un clima de democratización de los medios de comunicación por el surgimiento de la nueva ley de radiodifusión. “Sólo el 10% de la población podía ver los partidos, hoy, afortunadamente, es un beneficio del que gozan todos aquellos que viven en el país”, afirmaba en ese momento Víctor Hugo Morales. A pesar de sus beneficios, el programa fue criticado duramente por el Grupo Clarín, que vio condicionada su influencia.
Las elecciones del 2015 marcaron un cambio de rumbo en la política con respecto al Futbol Para Todos y a la Ley de Radiodifusión, que fue desestimada mediante dos decretos. Macri ya había anunciado en campaña que, si era elegido presidente, ellas transmisiones del deporte más popular dejarían de ser gratuito. Esto se va a cumplir a partir del 2017, y ya en este torneo de Primera División los canales deben abonar para poder mostrar los partidos. ¿El más beneficiado? Canal 13, que pasó en su pantalla la final del torneo y los superclásicos.

Todos los caminos parecen conducir a la vuelta de la monopolización. En su momento, el gerente de Torneos y Competencias tenía más poder de decisión que el presidente de la AFA. Un ejemplo concreto en esta relación: en el 2001 el país se caía a pedazos pero por orden de TyC se definió el torneo Apertura. Se empieza a correr peligro de que esta situación, donde solos unos pocos manejaban los destinos de la pelota, vuelva a suceder.

martes, 11 de octubre de 2016

Cuando la política no era solo votar



El desinterés que paraliza

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Pasaron las elecciones y Mauricio Macri fue elegido presidente. El kirchnerismo dejó el poder tras 12 años y el peronismo perdió en un bastión histórico como siempre fue la provincia de Buenos Aires. Ese fue el saldo de los comicios. Sin embargo, el escenario actual muestra un marcado desinterés de la población en general por la política. La participación, en la gran mayoría de los casos, se reduce a votar cada dos años y poco más. Una situación completamente distinta a la de décadas anteriores.
La indiferencia actual es la contracara de la gran actividad imperante en los años 70, donde los jóvenes sentían que la política era el canal que podían utilizar para cumplir con su objetivo de cambiar el mundo. Hace unos años, el kirchnerismo propuso bajar la edad mínima para poder votar a 16 años. La polémica no tardó en llegar porque la opinión generalizada era que los “chicos” no tienen idea de politica y que no estaban capacitados para hablar de estos temas.
Pero es acá donde hay que preguntarse ¿cuántos años tenían los adolescentes que fueron asesinados en la “Noche de los Lápices”? Eran estudiantes secundarios de  menos de 18 años y no dudaron en salir a reclamar por sus derechos. En cambio, lo que vino después fue todo lo contrario. Los jóvenes cada vez se involucran menos y la población más adulta solo se limita a votar reclamando que “son todos iguales” y que “el país no va a cambiar”.
De todas formas, sería tener una visión parcial si solo nos quedamos con eso. La corrupción, la falta de acercamiento del político con el ciudadano y las promesas incumplidas son anclas bastantes pesadas como para pasar por alto. Para poner un ejemplo concreto, los dos últimos presidentes de la Nación (de partidos e ideologías completamente distintos) están envueltos en casos de corrupción. Estas situaciones de las figuras más importantes del país alejan cada vez más a la gente.
Los datos son elocuentes: una encuesta de la Universidad de Vanderblit que mide la participación política de los ciudadanos en el continente demostró que solo el 8% de los argentinos participa en las campañas electorales y que un insignificante 12% busca incidir en los votos de otras personas. Estos números reflejan una realidad muy diferente a la vivida hace cuatro décadas en nuestro país. La violencia ejercida por los militares en la última dictadura es una de las principales causas de este distanciamiento con la politica.
Sin embargo, el sociólogo Gabriel Vommaro encuentra rasgos positivos en este panorama, ya que afirmó que la distancia entre la ciudadanía y la política comenzó a ser repensada, un paso necesario para lograr volver a lo que ocurría en otros años. En ese sentido, es destacable que luego del 2001, cuando el país tocó fondo, muchos jóvenes se volcaron a los movimientos políticos y sociales para que sus reclamos comenzaran a ser escuchados.

Estudiantes al poder

El mayo francés en el SXXI


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El movimiento estudiantil siempre tuvo un sentido revolucionario que lo ha caracterizado en cualquier época o lugar. La Reforma Universitaria en Córdoba en el año 1918 marcó un hito que luego fue potenciado mundialmente en el Mayo Francés, donde los jóvenes se mostraron en completo desacuerdo con la sociedad en la que vivían. La actualidad, en la Argentina, muestra un gran compromiso por parte de los universitarios en la defensa de la educación pública y gratuita ante el recorte de presupuesto sufrido.
Las medidas tomadas por el gobierno de Mauricio Macri significaron un duro golpe para las instituciones, ya que se dejaron de girar casi $900 millones del Tesoro Nacional para su desarrollo. Dentro de ese dinero, las universidades sufrieron un recorte de $21.888.000 que afectan al pago del salario de docentes y no docentes, así como el desarrollo de las infraestructuras. La marcha del pasado 12 de mayo se puede emparentar por el sentido del reclamo con las multitudes que salieron a las calles de París a bregar por sus derechos.
Existe, sin embargo, diferencia de objetivos entre la Argentina actual y el Mayo Francés. En París, el grupo de la Revolución estuvo conformado por jóvenes que no sufrían las limitaciones de las generaciones entre guerras, sino que aspiraban a generan un cambio radical en la sociedad. Ellos creyeron en ese cambio y por eso salieron a las calles. En nuestro país, sí existe un hecho concreto que justifique estas marchas: la defensa de un tipo de educación que peligra por decisiones políticas.
De todos modos existe un claro deseo de luchar por los ideales que uno defiende que los emparenta. Se genera una sensación que los jóvenes pueden lograr aquello que se propongan. “En el 68 tenía 40 años, pero me sentí revitalizado como si fuese más joven”, afirmaba el importante historiador francés Jacques Le Goff, haciendo referencia a un año que no solo acabó en el Mayo Francés sino que tuvo otros movimientos importantes como la Primavera de Praga y el Movimiento Estudiantil en México.
Los estudiantes argentinos están comenzando a seguir los pasos de sus pares franceses. Existe una gran distancia en la repercusión, pero el sentido de la lucha es similar. La marcha del 12 de mayo generó el apoyo de los docentes y las autoridades universitarias. Lucas Valderrama, del Consejo Superior Estudiantil no vaciló al afirmar que se “estaba peleando contra un ataque a la Universidad Pública”. No dudaron en salir a las calles por esta razón y lograron que sus reclamos sean escuchados.
Existió una partida extra de dinero por parte del Gobierno Nacional para las distintas instituciones. Sin embargo, desde el ámbito estudiantil se afirma que fue insuficiente. A pesar de esto, es muy importante remarcar el éxito que tuvo esta marcha y las distintas manifestaciones en el país. El resto de la sociedad escuchó la voz de los jóvenes en las calles y salió a respaldarlos. Ese fue el gran triunfo que debe destacarse.